04/06/2010

SÉ PUES ZELOSO Y ARREPIENDETE

NUESTRAS REINCIDENCIAS
El Señor ha visto nuestras reincidencias, y tiene una controversia con su pueblo. El orgullo, el egoísmo, la disposición mental a la duda e incredulidad por parte de su pueblo, le son claramente manifiestos, y afligen su corazón de amor. Muchos acumulan tinieblas a modo de vestidura sobre sus almas, y dicen virtualmente, ‘No queremos un conocimiento de tu camino, oh Dios; elegimos nuestro propio camino’. Tales son las cosas que separan el alma de Dios. Hay en el alma del hombre un obstáculo que él mantiene allí con obstinada persistencia, y que interpone entre su alma y Dios. Es la incredulidad. Dios da suficiente evidencia, pero el hombre, con su voluntad no santificada, rehúsa recibir la evidencia a menos que ésta llegue de la manera que le conviene, para favorecer sus propias ideas. Clama desafiantemente: ‘Pruebas, pruebas es lo que queremos’, y da la espalda a la evidencia dada por Dios. Habla de duda e incredulidad, sembrando las semillas del mal, que al brotar llevarán su cosecha. Está separando su alma más y más lejos de Dios.
¿Son acaso pruebas lo que esos hombres necesitan? ¿Es que no hay suficiente evidencia? –No. La parábola del rico y Lázaro se da para auxiliar a tales almas, a quienes están dando la espalda a la evidencia positiva, para clamar ‘¡Pruebas!’. El rico solicitó que alguien de entre los muertos fuese enviado, a fin de advertir a sus hermanos, evitando así que acabasen en el lugar de tormento. "Y Abraham le dice: A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos".
¿Por qué sucede que los hombres no creen, cuando hay evidencia suficiente? – Porque no desean ser convencidos. No están dispuestos a someter su propia voluntad a la voluntad de Dios. No quieren reconocer que han estado acariciando incredulidad pecaminosa al resistir la luz que Dios les ha dado. Han estado yendo a la caza de dudas, en busca de perchas donde poder colgar su incredulidad. Han aceptado ávidamente el testimonio débil e insuficiente, testimonio que Dios no les ha dado en su palabra, pero que les satisface, ya que armoniza con sus ideas, y está de acuerdo con su disposición y voluntad. Tales almas están en gran peligro. Si doblegan su orgullosa voluntad, y la ponen del lado de Dios; si buscan la luz con corazones humildes y contritos, creyendo que hay luz para ellos, entonces verán la luz, ya que los ojos estarán dispuestos a discernir la luz que viene de Dios. Reconocerán la evidencia de la autoridad divina. Las verdades espirituales brillarán desde la página divina. Pero el corazón debe estar abierto a la recepción de la luz, ya que Satán está siempre presto a oscurecer la preciosa verdad que los haría sabios para salvación. Para los que no la reciben, seguirá siendo por siempre misterio de misterios.
Debemos buscar fervientemente el conocer y apreciar la verdad, a fin de que la podamos presentar a otros, tal como es en Jesús. Necesitamos tener una correcta apreciación del valor de nuestras propias almas; entonces no manifestaremos el descuido que ahora caracteriza nuestro curso de acción. Buscaremos fervientemente conocer el camino de Dios; obraremos en la dirección opuesta al egoísmo, y nuestra oración constante será que podamos tener la mente de Cristo, a fin de ser amoldados y conformados a su semejanza. Es mirando a Jesús y contemplando su bondad, manteniendo nuestros ojos fijos en Él, como somos cambiados a su imagen. Él dará gracia a todo el que guarde su camino, y haga su voluntad, y ande en verdad. Pero aquellos que aman su propio camino, que adoran sus propios ídolos de opinión, y que no aman a Dios ni obedecen su palabra, continuarán andando en tinieblas. ¡Oh, cuan terrible es la incredulidad! Si se proporciona luz a un ciego, y si se da la verdad presente a esas almas, el primero no podrá ver, mientras que los segundos no querrán ver.
EL ALTAR DEL CORAZÓN
El amor hacia Jesús que una vez ardió en el altar del corazón, ha disminuido hasta extinguirse casi por completo. Se ha debilitado la fuerza espiritual. El ceño del Señor está contra su pueblo. En su actual condición, les es imposible representar el carácter de Cristo. Y cuando el Testigo Fiel les ha enviado consejo, reproche, y advertencias debido a que los ama, han rehusado recibir el mensaje; han rehusado ir a la luz, para que sus obras no resulten reprobadas. Dijo Jesús, "pongo mi vida por las ovejas… por eso me ama el Padre". ‘Tomando vuestros pecados sobre mí mismo, estoy abriendo una vía a través de la cual la gracia puede fluir a todos aquellos que la acepten. Al darme a mí mismo por el pecado del mundo, he preparado el camino para que la corriente incontenible de ese amor fluya hacia los hombres’.
Todo el cielo está estupefacto al ver que ese amor, tan amplio, profundo, rico y pleno, al serles presentado a hombres que han conocido la gracia de nuestro Señor Jesucristo, los deja tan indiferentes, fríos e impasibles. ¿Qué significa que una gracia tan maravillosa no enternezca nuestros endurecidos corazones? ¡Oh, es por el poder de la incredulidad! Porque "has dejado tu primer amor". Esa es la razón por la que la palabra de Dios tiene una influencia tan pequeña. Es como un fuego, pero no puede penetrar ni caldear el corazón congelado que se aferra a la incredulidad.
Esas gemas de la verdad deben ser reunidas por el pueblo remanente de Dios, para ser dadas por ellos al mundo; pero la confianza propia y la obstinación del alma rehúsan el bendito tesoro. "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Es imposible medir o expresar un amor como ese. Juan llama al mundo a mirar "cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios". Es un amor que sobrepasa el conocimiento. En la plenitud del sacrificio no se escatimó nada: Jesús se dio a sí mismo. Es el designio de Dios que en su pueblo se amen unos a otros como Cristo nos amó. Deben educar y adiestrar el alma para ese amor. Deben reflejar ese amor en su propio carácter, reflejarlo al mundo. Cada alma debiera ver esa obra como la suya. En su oración al Padre, Jesús dijo: "Como tú los enviaste al mundo, también los he enviado al mundo". Los que han sido participantes de su gracia, deben presentar al mundo la plenitud de Cristo. Deben hacer por Cristo lo que Cristo hizo por el Padre: representar su carácter.
¿QUERRÁ LA IGLESIA VER DE DÓNDE HA CAÍDO?
En la iglesia hay frialdad, dureza de corazón, falta de simpatía por los hermanos. Se manifiesta ausencia de amor por los que yerran. Se da una separación hacia aquellos que están precisamente necesitados de piedad y ayuda. En nuestras iglesias, especialmente entre aquellos con responsabilidades sagradas, existe una severidad, un espíritu despótico como el que había entre los fariseos. Están hinchados en autoestima y seguridad propia. La viuda y el huérfano no son el objeto de su simpatía o amor. Eso es totalmente ajeno al espíritu de Cristo. El Señor mira indignado el espíritu áspero y rudo que algunos han manifestado, –un espíritu de tal manera desprovisto de simpatía, de tierna apreciación por aquellos a los que Él ama. Hermanos, vosotros que cerráis el corazón a los sufrientes por Cristo, recordad que en la forma en que los tratáis a ellos, Dios os tratará a vosotros. Cuando llaméis, no os dirá ‘Aquí estoy’. Cuando claméis, no responderá. Satanás está atento, preparando sus engaños para entrampar a aquellos que están llenos de autosuficiencia, mientras que están espiritualmente destituidos.
El camino al paraíso no es el de la exaltación del yo, sino el del arrepentimiento, confesión, humillación, fe y obediencia. El mensaje a la iglesia de Laodicea es apropiado para la iglesia de este tiempo: "Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡ Ojalá fueses frío, o caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete". Hay muchos que se sienten orgullosos de sus riquezas espirituales, su conocimiento de la verdad, y están viviendo el autoengaño culpable. Cuando los miembros de la iglesia se humillen ante Dios celosamente, no de corazón dividido, con acciones sin vida, el Señor los recibirá. Pero declara: "Vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido". ¿Por cuánto tiempo será resistida esta amonestación? ¿Por cuánto tiempo será tomada a la ligera?
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". La actitud de Cristo es de magnanimidad y perseverancia. "Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico". ¡Oh, la pobreza del alma es alarmante! Y los que están en mayor necesidad del oro del amor, se sienten ricos y enriquecidos, mientras que carecen de toda gracia. Habiendo perdido la fe y el amor, lo han perdido todo.
El Señor ha enviado un mensaje para despertar a su pueblo al arrepentimiento, y para que haga las primeras obras; pero ¿cómo ha sido recibido ese mensaje? Mientras que algunos lo han oído, otros han arrojado desdén y reproche sobre el mensaje y el mensajero. La espiritualidad mortecina, la ausencia de humildad y sencillez de los niños, una profesión de fe maquinal y formalista, han tomado el lugar del amor y la devoción. ¿Habrá de continuar ese lamentable estado de cosas? ¿Se apagará en las tinieblas la lámpara del amor de Dios? El Salvador llama. Oíd su voz: "Sé pues celoso, y arrepiéntete". Arrepiéntete, confiesa tus pecados, y serás perdonado. "Volveos, volveos de vuestros malos caminos: ¿y por qué moriréis, oh casa de Israel?". ¿Por qué intentáis encender un mero fuego vacilante, y caminar en los destellos de vuestra propia luz?
El Testigo Fiel declara, "Yo conozco tus obras". "Arrepiéntete, y haz las primeras obras". Esa es la auténtica prueba, la evidencia de que el Espíritu de Dios está obrando en el corazón para llenaros con su amor. "Vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido". La iglesia es como el árbol que no lleva frutos, que habiendo recibido el rocío, la lluvia y la luz del sol, debió haber producido abundante fruto, pero que ante el divino escrutinio resulta no tener sino hojas. ¡Solemne pensamiento para nuestras iglesias! ¡solemne, verdaderamente, para todo individuo! La paciencia y longanimidad de Dios son maravillosas, pero "si no te hubieres arrepentido", se agotarán. Las iglesias, nuestras instituciones, irán de debilidad en debilidad, desde la fría formalidad hasta la muerte, mientras están diciendo, "soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa". El Testigo Fiel dice, "y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo". ¿Verá por fin claramente su verdadera condición?

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